lunes, 30 de enero de 2012

Dar a misiones: crucial para la vida del mundo...y de la Iglesia

Por el bien de su alma, la Iglesia necesita involucrarse en las misiones. No conoceremos a Dios en toda su majestad hasta que lo veamos moverse triunfante en todas las naciones. No podremos admirarlo y alabarlo como debemos hasta que lo veamos reunir una compañía de adoradores de todos los pueblos de la tierra.

El modo en que J. Campbell White articuló la visión a los empresarios nos ayuda a comprender la unidad de la vida bajo el señorío de Cristo. Él dijo:

"Este movimiento tiene las mayores exigencias. Busca transmitir a los hombres el llamado de Dios a una vida cuyo propósito principal es establecer el reino de Cristo en las relaciones humanas…Les recuerda…que el egoísmo es suicidio, pero que el servicio a otros trae al alma la satisfacción más suprema que existe. Nuestros recursos materiales son tan abundantes que corremos peligro de terminar confiando más en las riquezas que en Dios. Si un hombre se enriquece demasiado, no habrá nada que pueda impedir que su alma se encoja, salvo el continuo dar. La evangelización del mundo es la única empresa lo suficientemente grande e importante como para brindar una salida adecuada a la riqueza de la Iglesia".

Las misiones no solo son cruciales para la vida del mundo, también lo son para la vida de la Iglesia. Pereceremos con nuestra riqueza si no nos damos a nosotros mismos en ministerios de misericordia en casa y a través de las misiones a los pueblos más lejanos. Todo el dinero que se requiere para enviar y mantener un ejército de embajadores del sacrificio propio y del gozo está ya en la Iglesia. Sin embargo, no lo damos.

Nada puede satisfacer plenamente la vida de Jesús en sus seguidores con la excepción de la adopción el propósito de Cristo hacia el mundo que vino a redimir. La fama, el placer y la riqueza son solo cenizas comparados con el infinito y perdurable gozo de trabajar con Dios para el cumplimiento de su plan eterno. Los hombres que ponen todo en la tarea de Cristo obtienen de la vida las recompensas más dulces y preciadas.

"¡No desperdicies tu vida!", John Piper, Editorial Portavoz.