Demasiadas iglesias contemporáneas han abandonado por completo la idea de la necesidad de escoger a Cristo, insistiendo en que hay campo para toda una diversidad de opiniones en cuanto a la fe. Numerosas iglesias enfocan el evangelio de esa forma, al no decir nada definitivo sobre el camino de la salvación y al no enfrentar jamás a los que siguen el camino ancho.
“Es una economía de mercado”. Para evitar que la asistencia y la membresía decaigan, los dirigentes de las iglesias están robándose unos a otros sus “clientes” de igual manera que lo haría el banco o el supermercado local: atendiendo sus preferencias personales y “cubriendo todas sus necesidades”. ¿Cómo va a hallar la gente la puerta estrecha al cielo, si tantas de sus propias iglesias deciden no presentar con claridad la alternativa entre el camino de Cristo y el camino del mundo?
Una iglesia no puede esconderse detrás de múltiples puntos de vista y ser legítima. Si el evangelio cristiano es verdad, todo lo demás es mentira. Si sólo Cristo salva, los que no creen en Él están condenados. La iglesia no puede conducir a los pecadores a la salvación si proclama que un camino es tan bueno como cualquier otro. Sin embargo, estamos oyendo de este inclusivismo en labios de algunos que se llaman creyentes. Tener miedo de causar discordia al sostener la estrecha exclusividad del mensaje de Jesús es lo mismo que escoger el camino ancho. El evangelio es excluyente. Jesús es el único camino. La puerta es así de estrecha. Y este mensaje, créalo o no, ¡no es para nada relevante! Será rechazado.
"Difícil de Creer", John MacArthur.
"Difícil de Creer", John MacArthur.