sábado, 4 de junio de 2011

¿Qué hicieron Jesús y los apóstoles en cuanto a reformas políticas y sociales?

Jesucristo nunca hizo llamado alguno a la reforma política o social, ni siquiera por medios pacíficos. Él nunca intentó rectificar la cultura con una imposición de la moralidad bíblica ni obtener una mayor libertad de acción. Cambiar la forma de gobierno o lograr una moralización superficial de la sociedad no eran metas de Jesús. Él se proponía redimir almas humanas individuales. La moralidad social y las estructuras socio-políticas nunca fueron de su interés.

Pero ni siquiera la satisfacción de necesidades físicas y emocionales de los individuos fue la meta suprema de su vida y ministerio. Por encima de todo, Él vino a satisfacer una necesidad que sobrepasa en todo sentido a todas las demás. Por eso enseñó el evangelio de salvación que tenía poder para hacer justas las almas delante de su Padre y concederles la vida eterna.

Él no se propuso moralizar la antigua creación sino santificar la nueva creación. También mandó a su iglesia que perpetuara su ministerio de esa misma forma y en esa misma dirección cuando nos dio la Gran Comisión. Ni el Señor ni los apóstoles justificaron en sentido alguno las revueltas políticas, la rebelión social o la desobediencia civil. No hubo esfuerzo alguno de su parte para eliminar la injusticia social o política.

Lo que debe atenderse aquí es la cuestión de las prioridades, cuando somos conscientes de que aun el buen terrenal más grande que podamos alcanzar en el mundo temporal, palidece al lado de lo que el Señor puede lograr por medio de nosotros en la obra espiritual de su reino. La iglesia está llamada a ser un reino de sacerdotes, no un reino de activistas sociales.

John MacArthur, Comentario a Romanos.