viernes, 27 de mayo de 2011

¿Qué es el arrepentimiento?

La palabra griega para arrepentimiento es metanoia, de meta, “después” y noeo, “entender”. Literalmente significa “reflexión” o “cambio de mente”. Pero su significado bíblico no acaba ahí. El uso de metanoia en el NT siempre alude a un cambio de propósito y, específicamente, a un abandono del pecado. En el sentido en el que Jesús lo usaba, arrepentimiento requiere el repudio de la vieja forma de vida y acudir a Dios en busca de salvación.

Un cambio de propósito así es lo que Pablo tenía en mente cuando explicaba el arrepentimiento a los tesalonicenses (1Ts 1.9). Nótense los tres componentes del arrepentimiento: volverse a Dios; apartarse del pecado; intento de servir a Dios. Ningún cambio de mente puede llamarse verdadero arrepentimiento sin incluir los tres elementos. El hecho simple, pero demasiadas veces pasado por alto, es que un verdadero cambio de mente da necesariamente por resultado un cambio de conducta.

Arrepentimiento no es simplemente avergonzarse o sentir tristeza por el pecado, aunque el auténtico arrepentimiento incluye siempre el elemento de remordimiento. Es un cambio de dirección de la voluntad humana, una decisión encaminada a abandonar toda injusticia y procurar en su lugar la rectitud. Es un mandamiento a reconocer la pecaminosidad propia y odiarla, volverle la espalda, acudir a Cristo y abrazare con plena devoción.

De las tres palabras usadas en los Evangelios (en griego) para describir el proceso, una enfatiza el elemento emocional de pesar, tristeza por la forma pecaminosa de vivir en el pasado (Mt 21.29-32); otra expresa el cambio total de actitud mental (Mt 12.41; Lc 11.32; 15.7, 10); la tercera denota un cambio de dirección en la vida, una meta sustituida por otra (Mt 13.15; Lc 17.4; 22.32). El arrepentimiento abarca todo el hombre: intelecto, voluntad y afectos. El que se arrepiente se vuelve del servicio a las riquezas y del yo al servicio a Dios.

Intelectualmente, el arrepentimiento empieza con el reconocimiento del pecado y la conciencia de que somos pecadores, de que nuestro pecado es una afrenta al Dios santo.

Emocionalmente, el auténtico arrepentimiento va frecuentemente acompañado de un sentimiento abrumador de pesar.

Volitivamente, incluye un cambio de dirección, una transformación de la voluntad, una determinación de abandonar la desobediencia obstinada y rendir la voluntad a Cristo. El verdadero arrepentimiento cambia el carácter del hombre total.

"El Evangelio Según Jesucristo", John MacArthur, Editorial Mundo Hispano.