Una iglesia está en peligro cuando está satisfecha con descansar en sus logros pasados, cuando está más preocupada en sus formas litúrgicas (las alabanzas) que en la realidad espiritual, cuando se centra en remediar las enfermedades sociales, en vez de cambiar el corazón de las personas mediante la predicación del evangelio de Jesucristo, que da vida; cuando se preocupa más por las cosas materiales que por las espirituales, cuando se preocupa más por lo que piensan los hombres que por lo que Dios dijo, cuando está más enamorada de sus credos doctrinales y sus sistemas de teología que de la Palabra de Dios, o cuando pierde su convicción de que cada palabra de la Biblia es la Palabra de Dios misma.
Sin que importe la asistencia que tenga, ni lo impresionante de sus edificios, a pesar de su prestigio en la comunidad, tal iglesia, al haber negado la única fuente de vida espiritual, está muerta.
John MacArthur, Comentario al Nuevo Testamento, Apocalipsis, Editorial Portavoz.